miércoles, 12 de octubre de 2016

51.- Entre Dos Mundos, El Gran Día

51.- El Gran Día.

- ¡Auch! Sauri, duele. - Casi grito cuando tiró de un mechón de mi cabello, mientras ella me peinaba.

- Vamos ______ quédate quieta, arruinaras tus uñas.

- Yo nunca pedí una manicura.

- Como sea, es tu boda, tienes que estar perfecta, no es por ser mala, pero no tienes uñas largas y preciosas como una modelo, cosa que eres.

- Ni me lo digas. - Dije con sarcasmo.

Han pasado exactamente siete meses desde que Sauri y Mirena comenzaron a planear la boda con ayuda de los chicos. Lo único que se es que será en la playa, de hecho, ni siquiera me he vestido en un espejo, no se que vestido usaré, ni que maquillaje, de hecho no sé, ni siquiera en donde estoy.

- Listo, soy toda una profesional, debería dedicarme a esto. - Mirena comenzó a alabarse a si misma.

- Somos un éxito, nos debes dinero. - Ambas rieron.

- Yo nunca las contraté, ni tampoco las contrataría. - Reí, y ellas lo hicieron también, solo que, con sarcasmo.

- No dirás lo mismo cuando te veas en el espejo. - Hicieron que me ponga de pie. Me colocaron frente a un espejo de cuerpo entero, el cual, estaba cubierto, Sauri se colocó a un lado de este y tomó la sabana que lo cubría. Mirena sonrió a mi lado y colocó sus manos sobre mis hombros.

- ¿Lista?

- Completamente. - Desafié, cerré mis ojos, tal vez estaría tanto o más bella que Cara Delevigne, pero, por otro lado, este par, pudieron haberme hecho algo horrible, escuché como la sábana caía al suelo y Mirena habló. - Abre los ojos.

Mis manos fueron a mi boca automáticamente al verme en el espejo, ambas sonrieron.

- Pe...pero ¿Cómo hicieron todo esto? - Vi mi vestido, es precioso, y mi peinado, Oh por Dios, mi peinado.

              

- Ahora trágate tus palabras, y no te atrevas a llorar porque me tarde mucho en hacer tu maquillaje. - Ambas me abrazaron, ¿Cómo lograron hacer todo esto?

Mi maquillaje es precioso, tan precioso que hace que yo me vea preciosa, mis uñas, bueno, mis uñas podrían ser lo único en lo que yo podría discrepar.

 


- No, no sé que decir. - Mis ojos se llenaron de lágrimas, y miré hacia arriba, solo para aguantar y que el maquillaje no se corriera.

- No digas nada, ahora vamos, tienes que estar feliz y sonriente, Andy es un tipo afortunado por tenerte.

Tocaron la puerta, y era él, hace tiempo que no lo veía, porque él simplemente había decidido desaparecer.

- Hola, el auto ya está abajo. - Sonrió tímido.

- Estás preciosa ______. - Detrás de él, entraron Roberto y Chris.

- Genial, ya es hora, vamos. - Mirena y Sauri salieron por la puerta jalando a sus respectivos novios, solo escuché el taconeo de ellas alejándose lentamente.

- León, te extrañé muchísimo, ¿Por que no habías dado señales de vida?

- Creí que querrías tiempo para estar con tu novio, ya sabes. - Sonrió levemente, parece nervioso, más nervioso de lo normal.

- ¿Qué sucede contigo?

- Nada, solo vine, como tu amigo, a tu día especial, ay, princesa, ya vas a casarte. - Se aproximó a mi y me abrazó, tembló al hacerlo, no sé porque, lo extrañaba y mucho, no sé decir cuanto, es uno de mis mejores amigos, y no quiero que estemos distanciados, ya no más.

- Gracias.

- Luces preciosa. Esto, ¿Lo hicieron Sauri y Mirena? Oh, espera. - Quitó una pelusa de mi cabello.

- Gracias, si, ellas, lo hicieron y no tengo ni idea de cuando aprendieron a peinar, o maquillar, no se como agradecerles por todo esto, es decir, mira este vestido. - Sonreí. - Tengo que hacer algo grande para ellas. - El solo sonrió y miró al suelo.

- Es cierto, ¿No estás nerviosa verdad? Mira que es en la playa, y podrías caer en la arena, o aún peor, que los delfines decidan que es el día de la revolución y salgan del mar y los secuestren a todos. - Bromeó, al fin mi mejor amigo, había vuelto.

- Eres un tonto.

- ¿Un tonto haría esto? - Comenzó a saltar por la habitación y a hacer ruiditos, imitando a un delfín, reí entonces.

- No, es algo que de hecho extrañaba. - Sonreí.

- Bueno, princesa. - Se agacho por solo un segundo, a mi estatura, yo soy alta, y tengo tacones, pero él, sin exagerar, él es un poste. Es hora de irnos.

Se acercó a mi rápidamente y me cargó en brazos, dio vueltas conmigo encima, de pronto, solo se detuvo, me bajó y me miró. 

- Es hora de que bajemos. - Me tomó de la mano y me llevó fuera de la habitación.

En el camino, iba viendo por la ventana, y León tenía la mirada baja y cuando se daba cuenta de que yo lo miraba me daba una sonrisa leve, leve y amarga, mientras Sauri regañaba a Chris por tener mal puesta la corbata, en cambio Mirena y Roberto no paraban de besarse.

Al fin llegamos y ella bajaron primero, para ayudarme con el velo y para que yo no arruine mi vestido, están exagerando.

- Estoy tan nerviosa.

- Pero si la que se va a casar es ella. - Le dijo Mirena a Sauri.

- Pero es que, ¿No ves que ella no está dando señales de vida? - Dijo desesperada, entonces me tomó por los hombros. - Este es tu día especial, hoy es tu día. - Al verla al borde del llanto, me di cuenta de que, era verdad, era mi boda, y por mi mente pasaron todo tipo de momentos, momentos con mi familia, con mis amigos, con la banda, y pues, con Andy.

- Vamos. - Mis padres no aceptaron venir, por el hecho de que Andy realmente no es de su agrado, los de él, en cambio, estarán de seguro en primera fila.

Comenzamos a caminar, por un camino de tablas de madera, reluciente, es una playa privada, no se porque se me hace raro.

A lo lejos, logré ver, las sillas, un arco de rosas de un tono rosa pastel, la banda, y a Andy, con su traje negro, y su cabello perfectamente peinado, me dispuse a entrar a la arena, a mi nueva vida, y en cuanto puse un pie en la caliente arena, Sauri me gritó por no haberme quitado los tacones.

- ¿Estás demente? Los tacones son solo para que llegues hasta aquí, tienes que caminar, sin zapatos hasta el altar.

- Está bien, está bien, perdón. - Me agaché un poco, y León apareció a mi lado, sonriendo. - Yo te ayudo.

Se agachó frente a mi y me quitó los zapatos, en cambio las abusadoras de Sauri y Mirena, casi y lo obligan a que haga lo mismo con ellas, Sauri llamó por teléfono, a la que creo que es Norah.

- Ya estamos aquí, que la banda comience. - Colgó.

- Bien. - Escuché que la banda comenzaba a tocar la típica canción de bodas, y realmente, fue el primer instante que me sentí como la novia, como la novia que ahora iría al altar a casarse, y de nuevo, las lágrimas me invadieron, comenzamos a caminar y llegamos, juntos hasta el comienzo del camino marcado por pétalos de distintos colores.

Dos niñas caminaron arrojando aún más pétalos. Las recuerdo, son las sobrinas de Mirena. Leon me tendió su brazo, al igual que Chris y Roberto justo en frente de nosotros a Sauri y a Mirena.

- León, estoy nerviosa. 

- Tal vez es tiempo de que corramos, de seguro es porque sabes que realmente la invasión de delfines si pasará. - Dijo bromeando, y me miró.

- Hablo en serio. - A pesar de haber dicho eso, era yo quien estaba riendo, y ahora Daya tomaba el brazo de Jinxx para comenzar a caminar.

- Yo también, vamos, es tu boda, tienes que pasarla en grande, tienes que ser feliz, al menos por el último día en que nos veremos.

- ¿Qué? - Lo miré asustada, ¿De qué estaba hablando?

- Que, hoy iré a Canadá.

- Debes de estar bromeando, León, no puedes hacer eso. - Ashley fue el siguiente en caminar del brazo con otra chica.

- Claro que puedo, mi tiempo aquí se acabó _____, lo lamento, pero no puedo seguir así. - Jake y Christian salieron con sus parejas respectivas, detrás de ellos se colocaron por fin Mirena y Roberto con Sauri y Chris.

- ¿Seguir así con qué? - Mi voz se quebró.

- Con todo...

Era nuestro turno, ahora nos tocaba a nosotros, comenzamos a caminar, y apreté el brazo de León.

- León, no puedes dejarme...

- No te estoy dejando, solo, es que me dan miedo los delfines. - Sonrió y le devolví la sonrisa.

- ¿Qué voy a hacer sin ti?

- Has sobrevivido a más sin mi.

- León.

- Un gusto conocerte ______. - Habíamos llegado y el se apartó automáticamente, dejándome con Andy, todo el mundo comenzó a aplaudir, León se sentó entre todas las personas.

Andy tomó mis manos, le sonreí y él a mi.

- Gracias por no huir como una novia fugitiva. - Sonrió.

- Gracias a ti por no haberme dejado plantada. - Le devolví la sonrisa, y la ceremonia comenzó.

Llegó la hora de los votos matrimoniales, y juro que recordé la escena de "La Novia Cadáver" de Tim Burton.

- Hoy frente a los ojos de todos, tomó a esta mujer como mía, como el amor de mi vida, que no has dejado de ser desde el día en que te conocí, hay algo llamado el hilo rojo del destino, que dice que no importa que hagas o que pase, siempre te unirá a la persona, a la que estés atado, el amor es como el mar. - Y señaló hacia este, orgulloso. - Porque quien cae hundido en él, ya no es capaz de salir, y tu cariño mío, me has hundido por completo.  Te tomo como mi esposa, ante mis amigos y mi familia, porque te he amado, te amo y no seré capaz de dejar de amarte, porque detrás de todo gran hombre, hay una gran mujer, y vamos, hay que admitirlo, soy perfecto. - Todos rieron. - Pero lo más perfecto es que puedo tenerte a ti. - Me abrazó y besó mi frente, me miró, era mi turno ahora.

- De niña nunca soñé con un príncipe, castillos, o rosas rojas, solo pensaba en estudiar y ser alguien en la vida, eres tu quien me ha hecho vivir esa parte de mi infancia que nunca tuve, la de soñar con el Príncipe Azul, aunque yo no sueño, porque yo te tengo, hemos pasado por tanto, y me sorprende el hecho de que sigas conmigo, después de haberme conocido a fondo, porque sé, que soy molesta a veces.

- ¿A veces? - Dijo riendo y una vez más, todos rieron, al igual que yo.

- No sé, como en el instante que te vi, no supe que eras el amor de mi vida, pero lo se ahora, y lo sabré por siempre, por todo lo bueno se lucha, y créeme que has sido la guerra más difícil que he tenido que pelear. - Mi voz se quebró y respiré profundo. - Somos tan iguales y a la vez tan parecidos, que a veces me asusta, pero nada me asusta más que la idea, de que algún día tenga que despertar en la mañana y tu no estés ahí.

Todos los invitados aplaudieron, y yo no pude evitar soltar algunas lágrimas, al igual que Andy, pero, él se contenía mucho mejor que yo.

- Si por alguna razón, motivo o circunstancia, esta pareja no deba ser unida, Que hable ahora o calle para siempre. - Y se hizo el silencio.

- Entonces, que el lazo que hoy Dios ha unido, no lo separe el hombre. - Dos niños vinieron a entregarnos los anillos, que mutuamente nos colocamos.

- ... Hasta que la muerte los separe, Puede besar a la novia. - Andy se agachó levemente, y susurró en mis labios, lentamente. - Ahora eres completamente mía, sonreí, y nos besamos, todo el mundo se levantó sonriendo y gritando, volteé, y logré divisar a León, levantándose de su asiento, marchándose.

- ¿Qué sucede amor? - Tuve el impulso de correr detrás de él, y decirle que se quedara, pero era mi boda, ya era hora de que me ponga en primer lugar a mi misma.

- Nada amor. - Y me quedé. Caminamos por el camino de pétalos mientras todos nos arrojaban arroz y pétalos de rosa, los niños soplaban burbujas, y entonces me sentí feliz, feliz porque al fin podré estar con la persona que amo por siempre, él limpió mis lágrimas de emoción lentamente, y me besó, una, y otra vez.

- ¡Es hora de la fiesta! - Escuché gritar a Mirena y Sauri la apoyó mientras todos las miraban y se echaban a reír.

- Los esperamos en la recepción. - Gritó Andy divertido. Me miró y con dos de sus dedos, jaló su corbata para aflojarla un poco. - Tengo tanto calor, estoy ansioso por quitarme este traje. - Tomó mi cintura pícaro. - O aún mejor, que tu me lo quites. - Volvió a besarme, y el flash de las cámaras comenzaba a darnos, ya sea por parte de nuestros amigos y familia, o por parte de los paparazzis que habían logrado colarse.

- Me encanta la idea, Sauri y Mirena te tienen un regalo estupendo.

- ¿Qué es? - Sonrió.

- Ya lo verás. - Caminamos todos hasta nuestros respectivos autos, y nosotros, al nuestro de recién casados, un Toyota Camry Rojo. 

- Esta será una noche que jamás olvidarás.

- Este es el gran día. - Sonrió, y comenzó a conducir.

- Voy a llevarte al paraíso.








sábado, 26 de marzo de 2016

50.- Entre Dos Mundos, Preocupaciones

- El sofá se va a mojar. - Dije entre besos, mientras veía a _____, sentarse sobre mi, besándome.

- Por qué te preocupas por eso cuando yo te estoy dando amor? Se secará, además, no quieres que te bese? - Se cruzó de brazos e hizo pucheros.

- Claro que quiero amor...

- Entonces no te fijes en el sofá. - Dijo divertida, envolvió sus brazos en mi cuello, acercándome a ella, sus labios, más dulces que de costumbre, su calor apaga mi cuerpo frío, tan perfecta como siempre.

Mis manos rodearon su cintura, juro, que nunca de los nuncas, había disfrutado tanto de besar a alguien, es más, cuando tenía novias o salía con alguien, detestaba que sean demasiado melosas, que beso y beso, y abrazos, y ahora, yo no puedo quitarle las manos de encima a _____, no, no, mi novia, mi futura esposa, el amor de mi vida, ella, simplemente ella.

- En qué piensas? - Dijo a centímetros de mis labios, sonriendo.

- En que te amo...

- Mentiroso. - Se rió.

- En que como un idiota como yo consiguió a una chica como tu, en lo hermosa que eres, en todo... - La arrojé a un lado en el sofá y comencé a besarla mientras le hacía cosquillas, ella solo reía y recibía mis besos.

- Ya no...ya no. - Pidió sin poder respirar de tanto reírse.

- Ven aquí. - Le Dije, ambos nos acomodamos juntos para poder dormirnos.

- Oye...

- Si mi amor? - Besé su frente.

- No se mojará el sofá? - Dijo burlona.

- Tonta. - La abracé y le hice cosquillas, ella comenzó a patalear.

- Tu que te preocupas por esas cosas...amor...ya para. - Decía entre risas.

- Sabes que te amo?

- Por supuesto que si...

- No se que haría yo sin ti amor de mi vida.

Al siguiente día, desperté antes que ______, lo cual fue bueno, fui arriba por una manta y la tapé, anoche llegamos empapados y no nos secamos ni nada por el estilo, fui a la cocina y comencé a preparar el desayuno para mi amada princesa.

Recordé entonces fugazmente, a Jeremy, el ángel, el que siempre nos ayudaba, bueno, me advertía y me decía que hacer, por supuesto, y bueno, el siempre aparece cuando algo malo pasa o está por pasar, ya no se ha aparecido así que, creo que _____ y yo vamos muy bien, y espero que sigamos así.

Cuando me di cuenta, estaba sonriendo como un completo imbécil.

Entonces sentí unos bracitos alrededor de mi cuerpo, me estremecí y me reí porque intentó apretarme,  pero soy yo, así que solo sentí un abrazo de oso.

- Mi amor, huele delicioso. - Besó mi hombro.

- Lo sé, es para ti princesa, prueba... - Tomé un poco del omelete de queso, especias y jamón de pavo que estaba preparando, apagué la estufa, le soplé para que se enfriara un poco y lo coloqué en su boca, puso una carita de niña pequeña al comer helado.

- Está rico, amor!!! Está delicioso.

- Quieres más?. - Sonrió.

- Si por favor.

- Ten. - Puse el tenedor frente a ella y cuando estuvo a punto de comerlo lo retiré y la besé, ella sonrió, dejé el tenedor en el mesón sin parar de besarla, la hice caminar hacia atrás y nos topamos con la mesa que hay aquí en la cocina, hice que se sentara en ella y seguí besándola, ella, mientras, jugaba con mi cabello.

- Tramposo. - Besó mi nariz.

- Por tus besos cualquiera puede serlo...y es lo que me da miedo.

- Celoso...

- Si! Mucho!

- De quién?!

- De...ammm...Ve a ducharte jovencita! O pescarás un resfriado. - Ella soltó una carcajada.

- Yo quiero ducharme contigo. - Sonrió.

- Entonces desayunaremos después mi amor, vamos. - La cargué y ella se rió.

- Bájame! Puedo caminar!

- No si yo estoy en tu vida. - Ambos reímos levemente, me miró y me besó.

- Te amo...

Sonreí, y la cargué, caminé besándola hasta las escaleras, subí escalón por escalón, haciéndola saltar para que se asuste, ella reía y se aferraba de mi, llegamos a la habitación y fuimos directo a la ducha.

- Apuesto a que no te metes con ropa a la ducha. - Me dijo, abrazándome, mirándome a los ojos.

- No me chantajees. - Miré a un lado y ella regresó mi mirada a ella, tomándome el rostro con sus manos, me besó.

- No te chantajeo. - Una sonrisa divertida se asomó en sus bellos labios.

- Está bien.

- No te atreves miedoso? 

- Oh, claro que me atrevo. - Abrí la ducha, comenzó a caer el agua y me metí a la ducha, el agua volvió a mojar toda mi ropa, cerré los puños al sentir el chorro frío calentándose. Escuché como _____ se reía.

- Tonto! - No paraba de reírse, todo el cabello mojado me cubrió los ojos, así que lo sacudí, apartándolo de mi rostro.

- Qué?. - Ella me miraba.

- Pareces un modelo, haciendo ese tipo de cosas... - Le extendí la mano y ella la tomó, entró a la ducha y nos besamos, la jalé y también se empapó, se estremeció y soltó un pequeño grito ahogado.

- También debes de mojarte. - Sonrió. - Ven aquí.


viernes, 22 de enero de 2016

49.- Entre Dos Mundos, Naturaleza Viva

49.- Naturaleza Viva...



- Andy...en serio... a dónde vamos? - Dijo ella curiosa mientra la ayudaba a bajar de una roca alta.

- Tu tranquila mi amor, es una sorpresa - Caminamos un poco más, y me di cuenta de que ya estamos cerca, me detuve.

- Andy...?

- Si?

- Donde estamos?

- Ya casi llegamos, sube a mi espalda y cierra tus ojos

- Ahhh...está bien - Me hizo caso y subió cerrando sus ojos con fuerza, comencé a caminar.

- Qué sientes?

- Además de un extraño miedo a caerme -rió levemente- un agradable olor a eucalipto y pino fresco...

- Estás en lo correcto - Sonreí.

- Suena...suena a...es agua?

- No lo sé...averígualo por ti misma... - La bajé y ella abrió sus ojos emocionada.

- Andy! es impresionante! 

- Todo para ti mi amor, realmente quería mostrarte este lugar...ven - tomé su mano y la llevé hasta el árbol enorme que se encontraba allí, la arrimé al grueso y alto tronco de aquel árbol y la besé, ella lo correspondió y lo continuó, nos separamos luego de un rato.

- Ven... - Tomó mi mano y me llevó hasta la orilla del río, allí, se sentó en el césped húmedo lleno de rocío, y comenzó a quitarse los zapatos-

- Qué haces?

- Hace tiempo que no juego en un río, solo lo hacía cuando era pequeña...

- Pero...tienes medias de Nailon...

- No importa! - Saltó al agua, salpicando algunas gotas - Qué esperas? vamos! 

Ella comenzó a correr y a saltar por todo el río, es sensacional verla emocionada, así que no dude ni un momento más, e imité sus acciones anteriores, entré al agua, está helada! no sé como pueda ella soportarla!!!

- Amor!

Grité su nombre para que se detuviera, eso hizo, volteó y la miré, mis ganas no pudieron más y la besé a más no poder, ella tomó mi cuello y me acercó más, ahora, que la tengo entre mis brazos y la estoy besando, me doy cuenta de que tengo miedo, y ese es mi único miedo, perderle, ella es la mujer perfecta, y yo...yo era un idiota antes de conocerla...pero hay hombres que son mucho más aptos para ella, y tengo miedo...de que realmente...encuentre y...ame a alguien que no sea a mi...salí de mis pensamientos porque ella gritó.

Me di cuenta de que acabábamos de caer al agua por completo, me levanté y le ayudé a levantarse a ella también, ella comenzó a reír, se abalanzó sobre mí y volvimos a caer, nadamos, nos besamos y jugamos toda la tarde en aquel río, hasta que nos dimos cuenta de que ya estaba anocheciendo, así que salimos, ella sonreí y soltaba pequeñas risas, yo me acosté en el pasto exhausto, ambos estábamos empapados.

- De qué te ríes? - Dijo algo molesto y divertido, estaba empapado y no me gusta, ella gateó hasta mi.

- Te lo juro, no es gracio... - Me interrumpió con un beso, sus labios estaban fríos y mojados, pero aún así estaban deliciosos, embriagadores, adictivos.

- Vamos amor...

- Vámonos...